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 Sombras de un descanso

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Diana Prince
Justiciera Vengadora


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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Mar Jul 27, 2010 5:31 am

Respire pesado cuando dije aquellas palabras que le invitaban a dormir conmigo. Era una opresión del miedo a que dijera que no, o se marchara de la habitación. Prefería tenerle en el sofá a estar sola, sin él. Aguante la respiración cuando abrió la boca, supongo que pensando en que diría. Vi que se puso pálido, desvié la mirada, esperando un “no”. Aferre fuertemente las sabanas de la cama, mordiéndome el labio inferior, con una sonrisa casi mecánica. Juro que casi me da un infarto al escuchar decir mi nombre y luego un momento de silencio. Entre abrí mis labios, mas sonreí tranquilamente cuando dijo que si, incluso mis ojos tuvieron ese brillo victorioso y mental mente me decía. “si, ¡siii!, ¡si!- note que empezó a tiritar, me preocupe un poco, quizá tenia frio y yo no tenía más cobijas…

Al verlo levantarse así, acomodarse en la cama, junto a mi… me hiso sentir un calor en el pecho. Reconocí esa sensación, no era miedo… no era asco… no era fiebre… excitación. Me sorprendí a mi misma… aunque cuando me dio la espalda, haciéndose ovillo arque una ceja. Casi digo un “¿Qué, tengo lepra?” pero me contuve. El hecho de que él estuviera ahí era un gran avance y un regalo especial para mí

Casi como quien no tiene la intención –o sea, disimuladamente- me acerque a él, rodeándole con mis brazos, acurrucándome en su espalda de forma tierna y buscando su protección. Mi nariz roso con la piel de su espalda, y mis dedos con la de su estomago… bueno, por sobre la ropa. Era bastante cercas a lo que quizá llegaría a sentir del y… no pude evitar respirar profundo. Poco a poco el sueño me gano, aunque al principio mi corazón latía tan fuerte que pensé no podría dormir… sin saberlo, me vi rodeada por él, dándose la vuelta me rodeo con sus brazos la cintura, quedando mi frente sobre su pecho, me acurruque aun mas, no sé si consiente o inconscientemente y no me importa. Me hacía sentir afortunada y eso me valía. Quedando mi cuerpo realmente junto al suyo, dormida, le rodee con una pierna, respirando tranquilamente.

Nunca había sentido tanta paz al cerrar los ojos. Me gustaba… bien podía acostumbrarme. Despertar con él, observarle antes de dormir, recibir su mirada cuando abría los ojos… era toda una fantasía.

De pronto, mis sueños cambiaron. Durante unos segundos creí que serian los de antes, esos violentos… mas no. Todo el blanco y negro, las copas de los arboles moviéndose lentamente. Mi ropa era la misma y me sentía sana. Me asuste, creí que había muerto… no, no quería morir, Bastian me esperaba y quería vivir toda la vida a su lado. Me sorprendí del mismo pensamiento… entonces, al girarse y ver como aquellas hojas se levantaban casi con místico aire se encontró con una luz blanca, tenue.

Alzo la cabeza, mirando con los ojos entrecerrados, buscando el rostro de lo que era aquello… una enorme creatura que creí algún humano con una túnica blanca se alzaba más allá. Me dirigí a paso lento, algo me decía que tenía que ir hacia aquel lado…

Palidecí. Creo que incluso tome el color de la escena a mis lados cuando vi como una espada se alzaba, ante el filo parecido a dientes pequeños sobre una jaula con… Bastian.

Mis ojos se tornaron llorosos. Busque mis armas, no las llevaba y lo único que halle fue una rama larga y puntiaguda. La tome, no me importo, escuche mi nombre, era una voz fuerte, mas poca atención le puse. En un grito, llame a Bastian, lanzándome hacia aquella cosa, en medio de una neblina que no me dejaba ver sus pies.

-DEJALO EN PAZ!!-

Dije corriendo tan rápido como pude, no sabía cómo haría para defender a Bastian, me di cuenta de que lloraba… corrí como nunca, y parecía no lograr alcanzarle. En un impulso desesperado, saliendo desde lo más profundo de mi corazón, oculto casi como un rayo que surgió de pronto, grite.

-¡no lo mates! ¡LO AMO!-

Y me detuve. Casi como si yo misma me hubiera apuñalado, con la respiración lenta y sofocada. ¿Qué había dicho? Mire a la creatura o humano, lo que fuera… con aquella espada. Olvide que era un sueño, lo único que podía ver yo ahora… era a él.

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-el cariño que puede una persona tener va mas allá de la situación, de las circunstancias, puede traspasar la tormenta y darte la paz necesaria para seguir… curiosamente, ese cariño tiene nombre… Bastian-
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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Miér Jul 28, 2010 5:51 am

Gire sobre mis talones en completa tranquilidad, los ojos cerrados con arrogancia, y el collar enjoyado ubicado en mi palma, lamentaba que ese regalo solo seria un sueño, por que como había dicho antes “Diana se vería hermosa con esto”, creía conocer ese sueño, y al darme vuelta vería las puertas abiertas del cuarto mas pequeño, y este me llevaría a la realidad, junto a mi querida y secretamente deseada, Diana, pero mi mente me jugo una pésima pasada, ya que estando a menos de dos metros pasos de donde debían estar las resplandecientes puertas abiertas… había un agujero circular, oscuro, que emanaba un aire frío, me quede mirándolo un momento completamente aterrado..., aunque mas por el hecho de que el sueño cambiara con tanta frecuencia.

De improviso, una enorme serpiente surgió de entre las sombras de aquel tétrico agujero, tenia el tamaño suficiente como para devorar como a un roedor cualquiera, debido a la sorpresa que esto me hacia llevarme la aparición del reptil que cubierto por una armadura de escamas negras y desplegando una capucha revelando que se trataba de una cobra, caí hacia atrás aterrizando de culo sobre el suelo, me arrastre un poco por el suelo, temeroso de la ponzoñosa sustancia que aquel bello pero aterrador animal podía inocular.

Sin darme cuenta había soltado el collar que tenia en la mano, cayendo este detrás de mi, no note que este cobraba vida, se alargo y tomando la forma de una serpiente de cascabel repto hasta mi posición, la serpiente negra intercambio miradas que aparentaban ser pedradas con la cascabel que parecía estar dispuesta a protegerme, en eso me dio una mirada, sus ojos no eran los de un reptil, sino los de una mujer…aquellos profundos ojos azules eran únicos a una sola fémina, -Diana…- susurre suavemente…en mi mano note un objeto…¿una espada…debía pelear… pero no sabia usar esa arma?

(Masteo: 3)

La criatura ignoro en un principio a la justiciera, la fiera fémina humana desafiaba abiertamente lo desconocido e incontrolable en una muestra de valentía, amor y desinterés que pocos hubieran sido capaces de realizar, la criatura agito el brazo donde tenia la jaula de Bastian, haciendo que esta se balanceara, el joven yacía inconciente, sentado contra los barrotes, el resplandeciente ser de luz blanca, señalo a la mujer con la espada, y pronunciándose con la voz de un Dios, vocifero –¿De verdad lo amas, insignificante mortal?- tomo impulso, arrojando la jaula de barrotes dorados a los pies de diana, cayendo esta de lado, el medico seguía inconciente.

¿Le ofrecerás tu alma o tu cuerpo?-
dijo la voz finalmente tras unos minutos de silencio, adonde Diana se moviera la criatura la seguiría apuntando con la espada serrada y blanquecina, y ningún ataque serviría, ya que la criatura de la tunica blanca lo detenía con un ademán de su mano libre tras soltar la jaula

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Diana Prince
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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Miér Jul 28, 2010 6:11 am

En el plano terrenal, sin darme cuenta había susurrado aquel nombre, -Bastian- seguido de la frase –lo amo- me aferre fuertemente a él, inconscientemente en un intento por no sentirme sola o tratar de imaginar que le podía ayudar.

Sumergiéndome en aquella oscuridad de el sueño en el que me encontraba en un bosque, con las ojos de los arboles crepitantes bajo mis pies, la brisa picara y burlona acariciando mis cabellos, agitándolos hacia un lado, a veces impidiéndome la vista de aquel ser… Me ignoro en un principio, mi grito fue casi en vano creí.

Nunca había tenido un sueño como ese, mas ahora, parecía tan real, el simple hecho de ser Bastian quien corría peligro, le hacía creer que esto estaba pasando en serio. Aunque uno nunca sabe y a veces, el sueño se torna realidad y la realidad no s más que un vano intento por soñar.
La creatura agito el brazo donde estaba la jaula de Bastian, que se balanceo salvajemente, estaba inconsciente y por más que grite no me respondió. Mi furia aumentaba, sintiendo la ira y el pánico correr por mis venas, me habría lanzado a un volcán de lava ardiente por él, juro que lo haría. El ser me señalo con la espada, su voz me aturdió unos segundos, fuerte, como de trueno, gritando.

-¿de verdad lo amas, insignificante mortal?-

Aquella pregunta taladro mis sentidos, mi propio corazón y hasta mi alma. Sentí casi como si fuera un golpe directo al pecho, una cuestión que no había pensado y solo había dicho desde lo más profundo de mí ser. Mis ojos se clavaron en la jaula, desesperadamente, como si pudiera abrirla con solo el pensamiento. Levante la vista hacia el ser… justo en el momento en que arrojaba la jaula a mis pies, cayendo de lado con Bastian inconsciente, en una posición peligrosa para su cuerpo, podría lastimarse algún musculo o tendón y eso me aterro también. Respire hondo, ¿Qué podía decir? Que si… que si…

-Si, lo amo…-

Cuando menos lo pensé, ya había abierto la boca. Mire al ser desconocido pálida, lo había reconocido y eso me dio fuerzas para seguir adelante en aquel tormentoso sitio. Me agache, acariciando los barrotes, para luego tirar de ellos con fuerza. Comencé a gritarle desesperada, mis ojos se llenaron de lágrimas, las doradas barras no me dejaban sacarle de ahí, no encontraba la cerradura. Entonces escuche la voz, que preguntaba que le ofrecería, si mi alma o mi cuerpo. La espada apuntante a mí, me arme de valor, poniéndome de pie, con aquella vara en las manos, me limpie las lágrimas, mirando a esa cosa fijamente, con las mejillas rojas de ira.

-ambos… no elegiré entre uno u otro… lo amo, más de lo que seguramente tu o nadie podría entender… -

Mire a Bastian, respirando pesado. Me agache de nuevo, intentando halar los barrotes con desesperación, no me dolían las costillas, curiosamente. Intente en lo que pude soltarle, mi desesperación aumento, cuando intente tocarle y no pude, los barrotes demasiado pegados entre sí. Levante la vista de nuevo, hablándole.

-creo que ni siquiera yo misma puedo entender como… como ese chico se coló en mi corazón… pero te digo que si no lo sueltas, lo vas a lamentar… no sé cómo ni con qué, pero juro que si no lo sueltas…-

¿Qué iba a hacer? Lanzarse sobre esa cosa con una vara? ¿Patearla hasta el cansancio? Oo no, mejor aún, abrir la jaula con un trozo de madera viejo. Sí, claro, era tan lógico. Se sintió pronto desesperada, impotente… entonces, como un rayo llego a su mente. ¿Qué sentiría Bastian el día en que él le ayudo, cuido y curo de aquellas horribles heridas? Ooo, ahora lo entendía muy bien, la impotencia de no poder hacer nada… solo le quedaba una opción.

-Te daré lo que quieras, pero… suéltalo… déjalo ir y no le hagas daño…-

Y su voz se quebró con la última palabra, un nudo se formo en su garganta y quedo en silencio, temblando… había dicho lo que fuera y eso le trasporto recuerdos atrás, cosas tormentas a las que les tenía un miedo infinito… pero por Bastian, haría lo que fuera…

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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Jue Jul 29, 2010 8:48 am

En el plano terrenal, debía haber sonreído, tenia razones mas que de sobra para hacerlo, para dibujar una amplia sonrisa de lado a lado de mi cara, en tal cercanía con Diana, apegándome a ella lo mas que podía, aun estando dormido buscaba su calor inconcientemente, la abrace con mas fuerza contra mi pecho en cuanto sentí su pierna rodeando las mías, bajando un poco mi cabeza quedando mi frente apoyada en la suya, sentía su calor, pero en mi entonación fui incapaz de disfrutar nada de mi contacto con ella, ni la cercanía de nuestros rostros y labios, nuestras piernas enredadas, ni nuestros torsos en contacto.

Dentro de mi mente ambas serpientes, suficientemente grandes como para poder engullirme cual vil roedor, y suficientemente fuertes como para derribar a un toro con un latigazo proferido por sus colas, bailaban un horrible baile, dibujando un circulo casi perfecto, manteniendo su distancia, sin perderse de vista la una de la otra, yo paralizado ante tan extraña escena, me quede inmóvil, sintiendo el peso de la espada en mi mano, preguntándome que era lo que podía hacer, casi nunca había blandido una espada aun en contra de un animal, pero esa descomunal serpiente negra de pesadilla amenazaba a la que tenia los ojos de Diana, eso motivo mis deseos de lucha mas primordiales.

Me arrastre lentamente por el suelo, dejando que los reptiles siguieran con su ritualistico y amenazante baile, ayudándome por el pedestal donde se encontraba la inscripción me puse en pie, abrazado al pedestal, usando este como apoyo, para que mis piernas que flaqueaban un poco ante la extrañeza de esa pesadilla, no quería volver a caer, la serpiente que tenia los ojos de Diana necesitaría de mi ayuda, a pesar de que se trataba de un reptil, algo me decía que ahí había mas en juego que solo una pesadilla.

Ambas serpientes se miraron de forma intensa, luego se paralizaron, quedándose sin movimiento, solo moviendo sus lenguas vividas para sentir donde se encontraba su contrincante, parecían haberse olvidado de mi existencia, ambas intempestivamente se arrojaron la una contra la otra, en rápidos arrebatos tratando de morderse la una con la otra, sin ninguna conseguir claro éxito en ninguno de sus tentativas de ataque.

Levante la vista, armándome de valor, pero perdiéndolo completamente a ver como es que las ambas se mordían simultáneamente en las colas, enrollándose en un ovillo de dos cabezas, tenia miedo y mis manos tiritaban un poco, pero vi mi oportunidad, trastabille un poco al separarme del pedestal y lanzarme corriendo contra el reptil de color mas oscuro, clavándole la espada en la cabeza, haciendo que se levantara y soltando un escalofriante bufido de dolor, caiga muerta al suelo, la cascabel, se arrodillo a mi alrededor, casi como en un abrazo de agradecimiento, haciendo sonar su cola a modo de grito de victoria, y acercando su cabeza a la mía, cerré los ojos, sentí que la criatura cambiaba, se encogía, sentía que a mi alrededor, se formaban piernas, brazos, y tomaba una forma notoriamente humanoide, al abrir los ojos nuevamente, note que en mis brazos sostenía a una Diana cansada, abatida y agitada por el veneno que había quedado en su cuerpo, al cual hubiera tenido inmunidad de haber seguido siendo un reptil.

Note su fragilidad, la deje suavemente en el piso, presentía que en ese sueño que se había vuelto en mi nueva realidad debido al realismo tan extraño de la ultima escena, mis ojos se llenaron de lagrimas, como medico conocía el final mas probable para Diana al no tener acceso a ningún medicamento que pudiera ayudarla a sobrevivir, y aun a pesar de tenerlo, la dosis de veneno seguramente superaba cualquier cosa al alcance de la ciencia comprensible por los humanos… curiosamente atine solo a hacer una cosa para alivianar su dolor, me acerque a ella, le susurre un suave “te amo”… tras de eso, la bese.

Desperté en el mundo real, ya era de mañana, Diana aun dormía, estaba de frente a ella, con mi cara cercana a la suya, me lleve los dedos a los labios, esa dulce sensación, acaso yo la bese mientras dormía…

Me levante imperceptiblemente, me puse las botas, vestido como había dormido, eran alrededor de las 10 de la mañana, hacia algo de frío pero no me importo, en la sala principal estaba la mesa vacía, y Baldur echado en un rincón durmiendo, no lo quise dejar dormir con nosotros en la habitación, inconscientemente había deseado que algo mayor hubiera pasado, y tome esa precaución, no tuve el valor de despertar al animalito y atravesé silencioso el salón principal

Salí de la cabaña, en el exterior seguía estando el caballo que había recibido como pago por atender a la hija de un granjero, sabia que lo tendría que devolver terminado el tratamiento, pero ya me estaba encariñando mas de lo necesario con el animal, que dormía tranquilamente, atado a un árbol, desde una caja extraje unos leños secos, los cargue en mis brazos, y tan sigiloso como había salido, volví a ingresar en la cabaña.

En el interior de la edificación de firme madera introduje en la estufa de leña los trozos de madera seca que guardaba para ese propósito, los encendí usando unos pedernales, y los trozos de madera seca no tardaron en arder y temperaron la casa, puse a hervir agua, y buscando en las alacenas y repisas puse sobre la mesa dos tazas de madera, queso, jamón, pan, algunas frutas, mantequilla, lamente que la rosa que le había regalado hace un tiempo se hubiera marchitado, encantado la habría tenido como centro de mesa.

(Masteo: 3)

La criatura mostró poca respuesta ante las palabras de lo que para ella era una endeble mujer humana, un ser insignificante para la existencia de un ser inmortal, como era el enorme espectro que portaba la espada blanquecina en sus manos, y que desde hacia varios minutos había estado apuntando a Diana con su bella pero no menos amenazante arma, al oír la ultima frase de la humana, ubico la espada frente a su rostro resplandeciente al cual era imposible mirar, -Entonces tomaras su lugar… mujer amante- ruge con fuerza.

La criatura cumplió su palabra, la jaula se evaporo dejando al medico sobre el suelo en escala de grises del bosque de los mismos tonos, el joven no daba señales de restablecerse de nada, incluso tomando los tonos del bosque.

La Criatura bufo furiosa –Ahora tomaras su lugar…Diana Prince- y sin previo aviso, toma la espada y la apunta contra la joven y bella guerrera, lanzándose contra ella propulsado por una ráfaga de aire, esquivar era imposible debido a la velocidad a la que ocurrió el ataque.

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Diana Prince
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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Vie Jul 30, 2010 12:36 am

Sin dejarle de amenazar con el arma, apuntándole a ella, sin reaccionar a sus palabras… Diana sintió que sería asesinada por esa cosa, y lo lamento. Tenía tantas cosas que decirle a Bastian, tanto que hacer con él, tanto que vivir… Mas, cuando dije que daría todo de mi por el, dijo que tomaría su lugar. De cierto modo, me sentí bastante más aliviada, el estaría bien, no importaba…

Mujer amante. Sí, eso era yo, una mujer amante que no sabía si seria correspondida por el hombre que ahora estaba en mis pies.. El no reaccionaba, no despertaba, la jaula ya no estaba. El seguía de un tono gris claro, sin el color que tenía en la realidad. Me arrodille a él, acariciando su mejilla. Mis ojos cubiertos de lágrimas, desesperada…

-Bastian… por favor. Despierta…-

Dije, en un tono de suplica. Me puse de pie al escuchar que tomaría su lugar. Me daba igual, pero él no estaba despierto, incluso al tocarlo sentía frio, la piel pálida… con lagrimas en los ojos, alce mi vara, la única arma, mientras gritaba.

-¡Devuélvelo!-

En esos momentos la vi venir. La punta de la espada, directo a mi pecho. Se clavo justo donde estaría mi corazón… sentí un fuerte y agudo dolor, seguido del ruido de algo que estalla en mil pedazos. Vi, claramente, como una placa de color negra surgía de la herida, donde la espada se encontraba alojada. Era como una mancha de tinta que al caer al suelo se endurecía rompiéndose como cristal. Fueron agonizantes segundos en los que mis recuerdos se mesclaron, caí de espaldas, clavando la espada en el suelo… Cerré los ojos, lagrimas gruesas resbalaban por mis mejillas

-no… no quiero morir-

Murmure, al abrir aquel par de ojos azules, sentí pánico. Un pánico terrible, la espada aun clavada, con el dolor de no poder moverme… y los cristales negros tomaban la forma de mis atacantes. Todos aquellos hombres… entre en pánico, gritando, casi incluso podría decir que dormida hable, pidiendo que todo aquello parara. Les dije que se detuvieran, que no se acercaran mas, revolviéndome en el suelo, intentando levantarme.

Al cerrar mis ojos, temblando de miedo, sentí una caricia sobre la frente, seguida de un beso cálido, fugaz y rápido, un abrazo, algo que rodeaba mi cuerpo con fuerza. Abrí mis ojos, Bastian estaba ahí. Aquellas sombras eran alejadas, mis atacantes se desvanecían… y su sonrisa.

En el plano terrenal, mi cuerpo había sentido aquel roce de labios, aquella cercanía de los cuerpos y la calidez y aquel toque de frentes que tanto me había apaciguado. Sonreí, me sentía aliviada, curiosamente aliviada. En el sueño, Bastian cerró mis ojos…

El sol daba en mi rostro, no estaba segura de la hora que era pero ya había amanecido. Me estire en la cama, buscando rápidamente a Bastian. Entre en pánico al no sentirle, mas el ruido que provenía de la cocina me indico donde estaba. Sonreí mentalmente, acariciando mis labios… maldición, deseaba tanto que aquel beso hubiere sido real. Me puse de pie, yendo al baño. Me mire en el espejo, acomode ligeramente mi cabello y la camisa. Me quedaba larga, cubriendo apenas la lencería que tenia.

Íbamos a salir y necesitaría algo para llevar abajo, no podía andar por ahí con las piernas descubiertas, mas tarde pensaría en eso, aunque con Bastian sentía mucha confianza, casi puedo asegurar que podría pasarme desnuda por a casa sin preocupaciones.

-Buen día…-

Dije mientras salía de la habitación y me colaba hacia la mesa de la cocina. Descalza, con el cabello cayendo a mechones por frente la camisa, dando un toque un tanto salvaje. Sonreí abiertamente, me sentía de buen humor, me estire un poco, mirando a Bastian. Me recargue sobre la mesa, ladeando la cabeza.

-Quiero ayudar…-

Dije en un tono que pareció un ronroneo seductor. Me di cuenta de aquello tarde, carraspeando la garganta, desviando la mirada hacia las frutas. Añadí velozmente, con un tono de voz un tanto más seria, aunque con aquel toque tranquilo que me caracterizaba.

-yo… creo que puedo hacer la ensalada-

Y mis mejillas se habían ruborizado, ¿de donde había salido aquel tonito de voz? Para con el… no, no quiera que pensara que yo era una cualquiera. No, aunque… no sé porque había sentido cierto gusto al hablarle de ese modo.


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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Vie Jul 30, 2010 8:50 am

Mientras ordenaba las tazas, y las cosas del desayuno no pude evitar pensar, mire con recelo el lugar donde escondía el dinero, había una manera en que quizás pudiéramos salir de esa situación… si Diana cuidaba y atendía de la cabaña mientras duraba lo que restaba de su recuperación, aprovechando que ya podía moverse con completa libertad, yo podría salir a pueblos vecinos para vender algunos de los remedios y cosas que hacia en el laboratorio, así podría financiar la renta y el tratamiento de mi… acompañante, pensé tras rebuscar un poco aquella palabra, quizás sobraría dinero poder comprarle ropa mas femenina, con la que se viera mejor que con los sucios trapos que yo le prestaba.

A medida que esa idea avanzo, tome en cuenta que solo serian dos meses mas hasta que su recuperación terminara, ella me había dicho que no conocía a nadie alrededor, y para que negarlo, yo encantado la mantendría conmigo durante ese tiempo y por mucho mas, sabia que ella era una pirata, y que podía defenderse perfectamente sola, pero yo no quería dejarla sola, no quería que ese pequeño mundo de fantasía en que había estado durante los últimos meses gracias a la compañía de Diana llegara a un final, , saque cálculos, aun tenia experimentos y pruebas que hacer, aun tomando en cuenta ese tiempo también solo permanecería en la cabaña un máximo de 4 meses. Tenia cierto miedo a que al yo partir de nuevo en mi viaje ella se alejara de mí.

Al recorrer mi cabeza esa idea, baje el cuchillo con el que ávidamente cortaba unas rebanadas del mendrugo de pan para cuando ella despertara, encontrara un buen desayuno una pequeña lagrima cayo desde mi ojo hacia la mesa, sacudí la cabeza, y seguí cortando aquel alimento, estaba decidido, debía decirle lo que sentía,, aun si nos separásemos después del ese tiempo, podría recordarla de buena forma, sabia sus sentimientos, tenia la esperanza de que continuaran siendo los mismos, que hace un tiempo cuando ley el libro que le preste para que escribiera,

al recordar eso, en mi mente se formo una imagen, algo difusa, pero que me encanto, fue casi como un sueño, en aquella imagen que se formo en mi mente, vi a Diana, vestida de una forma sencilla, adornada con el collar que veía en sueños en el cuello, sentada en un sofá antiguo, un mueble bastante lujoso y caro, a su alrededor lo mismo, el ambiente era de un lujo casi absoluto, ni hablar de ella que aun en la sencillez de su ropa, de su cabello y de su mirar, que contra todo pronostico no desencajaba por el ambiente, se veía tan encantadora como siempre, ella giro su cabeza, mirando por detrás de sofá, yo estaba ahí, vestido elegantemente, avance, sentándome junto a ella, ambos nos acomodamos el uno con el otro, acurrucándonos de forma cariñosa, besándonos tiernamente.

Volví a la realidad, cortarme un dedo de la mano izquierda con el cuchillo, no era grave, apenas sangre, solo hice un poco de presión para que el sangrado se detuviera un poco, al no detenerse completamente, me lleve el dedo a la boca, apoyando los labios contra la herida, chupando la sangre que sobraba, preguntándome nuevamente si la sensación que tuve al despertar había sido provocada por un beso que inconscientemente le había dado en la realidad creyéndome en un mundo de sueños.

Continúe preparando el desayuno con cierta alegría, la imagen que se formo en mi mente, funcionando como motivación, algo perturbo mi tranquilidad, gire sobre mis talones para ver la puerta de la habitación, esta estaba abierta, dando paso a Diana, mi camisa le quedaba un poco larga, cubriendo su hasta algo mas abajo de su cadera no tenia nada sobre las piernas, nada que realmente me importara, Diana se encontraba escasamente vestida la mayor parte del tiempo, me había acostumbrado, la mire con naturalidad, a pesar de su belleza mi mirada se centro en sus ojos, su cabello desordenado le daba un toque salvaje y sensual, haciendo trastabillar un poco la naturalidad de mi mirada

Buenos días-
conteste a su saludo, quise agregar alguna palabra, “cariño”…”cielo” fueron opciones, pero preferí callar, con tal de no decir nada que ella pudiera mal entender, ella avanzo a la mesa, aunque sin tomar asiento, le daba algunas miradas, fijándome en todo su cuerpo, quizás con algo de mi oculto deseo por poder rozar esa piel morena y seductora con mis manos, estaba aflorando sin yo poder controlarlo de ningún modo, sonreía abiertamente parecía de buen humor, su sonrisa me era relajante, uno de las cosas que atesoraría en mi memoria por muchos años, y uno de los atributos mas bellos que tenia Diana, ella estiro un poco los músculos, moviéndose juguetonamente.

Mira hacia un lado, sus palabras sonaron como un ronroneo, sensualmente rebotando por el interior de mi mente, gire la cabeza, mirándola, no había otra seña mejor que mi vista para saber que la estaba desnudando con la mirada, conocía su cuerpo casi de memoria, pero solamente desde la noche anterior lo había empezado a ver como un objeto de deseo, bello, sensual, tibio y desde la noche anterior… invitador, esta vez había olvidado las éticas enseñadas por mi profesión, en mi pecho sentí bullir el ferviente deseo de acercarme a ella, sin mayor teatro ni rodeo, abrazarla, acercar mi cuerpo al de ella, sentir su piel su calor y sus labios contra los míos, que fuese mía y de nadie mas por todo ese dia, algo de mi mente no se descentro, permitiéndome desviar la mirada tras unos segundos de observarla fijamente, continúe con mis tareas regulares, -como quieras-

Dijo que quería hacer la ensalada, note que miraba hacia las frutas, estaba colorada había notado mi mirada, o era por otra cosa, no me preocupe realmente de eso en momento, recordé la otra vez que ella se había levantado cuando sus costillas aun no habían soldado, esa vez a pesar de lo sencillo, su comida había tenido un sabor exquisito, no podía imaginar el sabor de lo que podría hacer ahora

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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Sáb Jul 31, 2010 5:34 am

Observándolo ahí, cocinando, con la escena más hogareña que podía haberme imaginado, sonreí. Aun desde allá, en la puerta de la habitación, le miraba pensativo. ¿Qué pasaría por su mente? Durante unos segundos temí que fuera nuestra partida. Me sentía mucho mejor que al principio, mis costillas no dolían y sabía que pronto estaría totalmente recuperada. El solo pensar que tendría que alejarme de él al no tener excusa para seguir a su lado, me hizo sentir un nudo en el estomago. Me mordí el labio inferior, llegando a pensar incluso en la posibilidad de hasta fingirme enferma. No, no podía hacerle eso, era como ponerle una roca en el camino… entonces la idea me surgió. Quizá, si le decía lo que yo o sentía, el me pediría ir con el de viaje, y si no lo hacía yo me arriesgaría a que huyera de mi y le ofrecería mi compañía. A estas alturas, no importaba si era solamente como ayudante, o aprendiz de una materia que, para que mentir, no me interesaba del todo.

Una lagrima bajo de su rostro, me pregunte que pensaba. Sentí el impulso de abrazarle, besarle y decirle que estaría siempre con él, pero no me atreví. Cobarde era y temerosa, además, no sabía hasta que punto su orgullo se interpondría entre mi consuelo y su deseo de demostrar fuerza. Creo yo que estaba tan absorto que ni cuenta se dio del tiempo que le observe, aunque cuando comencé a avanzar, no me percate de que hería su propio dedo. No, estaba sumida en otra idea.

Lo vi a él, su rostro serio, como cuando lee un libro. Maldición, amaba observarlo leer, vi que sonrió imperceptiblemente, lo imagine con un traje de saco y corbata, con uno de esos aparatejos de médico, frasquitos y un maletín. Lo mire mientras llegaba de un día de curación en un pueblo cualquiera, yo sentada, tejiendo, esperándole… sonriendo a su llegada, el mirándome con una sonrisa, un beso en los labios de bienvenida.

Cuando levanto la mirada, le sonreí. Después de mi ofrecimiento a aquella ensalada y el manifiesto en mi voz de querer algo más que solamente fuera mi médico, me dedique a tomar varias frutas… Su mirada, no podía dejar de pensar en ella, esa que me besaba y acariciaba con solo observarme, aquella que eme hacia querer entregarme a él en cuerpo y alma… y el sueño… entonces lo vi. Una herida pequeña, en el dedo, aunque sangraba a penas no pude evitar sentirme preocupada. ¿Debía hablar? Vamos, Diana Prince, esa era yo, y menos cobarde. ¿Qué me estaba pasando? Me acerque a él, una cercanía bastante peligrosa, tome su mano con las mías suavemente, observando.

-te has herido-

Murmure con una voz suave y tierna, típica de la amante que exagera una herida pequeña solo por preocuparse. Observe el dedo con cuidado, había dejado de lado el cortar las frutas para aquel desayuno. Lo hale hacia la habitación, mirándolo con determinación y un poco de seducción de la que no me di cuenta. Si mas no me equivocaba, el baúl donde tenía las cosas de curación debía estar en la habitación. Con suavidad, sin decir nada más, lo hice sentarse en la cama. Le mire casi como una orden suave un “quédate ahí y no repliques, confía en mí”. Si, no era buena en medicina, pero tanto tiempo sola me había enseñado un par de cosas. Rebusque entre lo que tenia. Encontre una especie de resina de la que él me había puesto en las heridas. Tome un trocito de venda que corte con las tijeras, y un poco de líquido de ese que usaba para desinfectar.

Coloque algo de él liquido, cuidando de no derramar demasiado, tan concentrada como él, acto seguido, un poco de la resina y el vendaje pequeño. Estaba arrodillada frente a él, cuando acabe, levante la mirada y le sonreí, ladeando la cabeza. Sentí el impulso de tocarle, besarle… pero me contuve, encontrándome con sus ojos. Me quede ahí, observándole unos segundos en silencio… podría quedarme eternamente perdida en su mirada.

-a… yo… ahora sí. No me gustaría que se te infectara… no soy tan buena medico como tu… -


Le sonreí, poniéndome de pie, apoyándome de sus brazos, no quería hacer demasiada fuerza, me daba simplemente pavor el romperme algo más.



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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Dom Ago 01, 2010 4:45 am

Limpie el cuchillo que había usado para cortar el pan, y con el que me había cortado hace unos momentos, lo deje en el encimero de la cocina, el desayuno parecía listo, faltaba traer agua y hervirla para tomar algo caliente, afuera de la cabaña había un pozo del cual solía extraer agua para guardarla en la tina del baño, donde quedaba mas a mano, quise haber puesto una tetera pero el agua en la tina ya tenia dos días sin ser cambiada tendría un sabor muy extraño y no servia, agua directa desde el pozo eso necesitaba.

Tras terminar, me senté a la mesa, acomodándome en ella hacia atrás, reposando con suavidad, dejando caer mi mano izquierda hasta la mesa, donde era bastante fácil ver mi herida , y girando mi cabeza observe lo que hacia Diana, parecía estar escogiendo unas pocas frutas para hacer la ensalada de la que hablo, empezando a cortarlas con una habilidad adquirida con la experiencias, me miro, correspondí la mirada de cierta y sonreí, se acerco a mi, yo solo note un deje de preocupación en sus ojos, quizás imagine lo que iba a pasar, se fijo en mi herida, –no es nada, en serio… de verdad-

Me tomo por el antebrazo, halando de mi con suavidad, sus manos eran suaves como la seda, sentí una inmediata calidez en su tacto, al parecer, sus sentimientos aun seguían siendo los mismos, atravesamos con rapidez la sala principal, llegando al dormitorio, sonreía divertido, jugando con una pequeña broma personal que me invente mientras me halaba y me sentaba en la cama, no me hizo falta que me lo dijera, su mirada hizo lo que sus palabras no, y aunque no me hubiera dicho o hecho nada en especial, tampoco me hubiera movido, yo me acomode con una sonrisa en los labios, nacida de una mezcla entre mi pequeña broma y la actitud de Diana, “los papeles invertidos” reía internamente mientras pensaba en ello.

Ella preparo un pequeño vendaje para mi corte en el dedo, al ver la herida no había que ser un gran medico para darse cuenta que no necesitaba ninguna atención mayor que la que ya había recibido, pero Diana en un tierno gesto, hizo un parche para mi dedo, usando la resina y el penicilicionicum flemingdae, el cual puso con suavidad y cariño en mi dedo herido, cubriendo la herida.

Mientras estuvo arrodillada frente a mi tras acabar la pequeña curación a la que me sometió, nuestras miradas se encontraron, me paralice, algo me susurro al oído…hazlo, y de mi mente se apodero esa idea, ella sonreía calidamente, al igual que yo, un leve impulso de tomarla por los brazos y acercarla a mi cuerpo y hacer que las fantasías que había estado teniendo desde anoche se hicieran ciertas, empezó a bullir en mi pecho, mientras en mi cabeza se encontraba rondando amenazadoramente la idea de decirle todo aquello que sentía, para ambas opciones era algo cobarde, y pensar en ambas me ponía levemente nervioso, pero era mayor la idea de que si no lo hacia en ese lugar, no lo haría nunca…trague saliva imperceptiblemente, como una preparación para cualquier cosa.

Ella se puso de pie, ayudándose de mis brazos para sujetarse y levantarse, sin que ella lograra hacer nada, me puse frente a ella, bloqueándole el paso, la mire a los ojos con un fuego volcánico en ellos, determinación salida de un extraño sentir de maripositas en mi interior, tal y como fue anoche, sabia que me debía acostumbraba a ellas, el fuego de mis ojos se cruzo con el azul marino de los ojos de Diana, mi expresión seria y determinada hacia juego a mi mirada, pero a diferencia de mi cuerpo, mis piernas tiritaban suavemente, si daba un paso, o ella me empujaba aun con la fuerza de una brisa, probablemente me haría caer.

En mi mente había una guerra entre… pequeñas versiones de mi persona, si esa era la mejor forma de describirlos, se apuñalaban y se lanzaban objetos contundentes en una batalla sin sentido por determinar que decir y que hacer ante la situación en la que yo mismo me había metido, la idea me divirtió mucho, me hubiera reído, pero la seriedad de mi mirada y mi rostro se mantuvieron inalterables, unas primeras palabras se asomaron tranquilamente, con fluidez y suavidad –Diana yo…- me pare en seco, tome aire a medida que mis mejillas se empezaban a pintar de carmesí –yo… quiero decirte que…- me detuve nuevamente, mis mejillas se seguían pintando cada vez mas con ese color rojizo, -…emmm, desde hace unas semanas tenia ganas de decirte…- mi cara ya estaba ruborizada completamente, quizás mi el color de mi cara era tierno, no así mi mirada, clavada firmemente en la de Diana… en mi cabeza la batalla había terminado, un solo hombre se alzo victorioso, y retándome, dirigió mis palabras – Diana, tu me gustas, te quiero…- mi mirada se enterneció terminando esa frase…

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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Dom Ago 01, 2010 7:54 am



Cuando dejo caer su mano sobre la mesa y lo note, me preocupe. Vamos, sabía que no era para tanto pero la simple idea de que él pudiera enfermarse, me hacía casi llorar. Vamos, ¿Qué me estaba pasando? Sentí que me volvía mas blanda y eso me asusto un poco. Ese chico comenzaba a transformar mi forma de pensar y actuar, aunque, bueno, en otro tiempo también le habría ayudado con esa herida, mas dude de si en mi pasado me habría preocupado por alguna enfermedad o infección en el.

Su sonrisa. Por Fraxis, su encantadora sonrisa. Si, quizá exageraba, se que tal vez para muchas mujeres, Bastian no fuera más que un chamaco desaliñado, despeinado, de una sonrisa un tanto fría y poco social… pero con el paso de los días, para mí, se había convertido en un chico tierno, único entre todos, con ese sentido del humor especial, cuya sonrisa era como un tesoro que cuidaba con todo mi ser, que su cabello desarreglado no era más que un toque salvaje y especial que tenia, que su forma de caminar, la forma en que se concentraba al leer y pasar de pagina a pagina, como se acomodaba incluso al momento de escribir… Maldición, sabía bien en qué etapa estaba.

Dicen que cuando uno ama, pasa por varias etapas. Mientras curaba su dedo herido, solo pensaba en eso. Primero era esa donde decías que no lo quieres, que no es posible y te niegas rotundamente el sentir algo por el… luego, esa donde sientes que es perfecto y cualquier error lo pasas por alto. Bueno, me encontraba en esa etapa, aunque, curiosamente estaba consciente de que no podía ser perfecto, tal vez era un intento de mi propia mente por decir “no te confíes, es como todos…” pero finalmente, cedí ante la voz que me gritaba que él era simplemente maravilloso.

Puaj, amor. Esa cosa rosa que tanto tiempo había deseado y muchas veces oprimido por temor a él. Amor, cosa que surgía en mi interior… no, cosa que ya había surgido. Mire a Bastian terminando de hacer aquella curación con profundidad, de esas pocas miradas que demuestran lo vulnerable que puedes llegar a ser ante una persona, de esas que dicen “lo que digas enseguida, destruirá mi corazón o le dará fuerzas a seguir…” y conseguí las fuerzas.


Lo note nervioso, sonreí, a punto de hablar y decirle que todo estaría bien… no sabía lo próximo que vendría. Sabía que en cierto punto el sentía algo por mí, mas no sabía cuánto… y si me lo diría algún día. Yo sabía que él era tímido para esa clase de cosas y no quería presionarlo. Cuando me levante, encontré sus ojos, una mirada voraz, como un fuego que sentí nació en mi interior, avivándose rápidamente. Sentía el impulso de probar sus labios, menos mal que tengo cierto temperamento si no… Hablo.


Dijo mi nombre y se detuvo. Mi respiración se corto, mentalmente, repetía que siguiera, que hablara mas, quería saber qué es lo que tanto pensaba en decir, de pronto, el dijo que quería decirme algo y sus mejillas enrojecieron. ¿Qué? ¿Qué querías decirme? Mi mente quería apurarle, sintiendo que me asfixiaba sin aire.

Iba a desmallar. Las piernas me temblaron y mi corazón latió con fuerza al escuchar aquellas últimas palabras. Realmente, su rostro era tierno, sus ojos mirándome fijamente, decidido a proseguir, sus labios pronunciando un “Te quiero…” No era un te quiero cualquiera… era… un “me gustas”. Mis ojos se cristalizaron, la amazona guerrera, quebrada por las dulces palabras de un medico…

Me acerque a él un paso más, quedando nuestros rostros tan cercas, mirándole de frente, éramos casi de la misma altura. No pude evitar que una lágrima recorriera mi mente, deje de preocuparme por hacerme la fuerte… no podía fingir ante él.

Y la guerrera, quebrantada por las palabras de amor, dejo su vida en aquellas palabras

-Bastian…- Murmure, con un hilo de voz que poco a poco fue tomando valor. –tu… tu… t…también me gustas… -eso ultimo había salido de golpe, mi rostro tan ruborizado como el de el… mis ojos llenos de lagrimas que no salían… levante mi mano izquierda, acariciando su rostro con suavidad, me quede perdida en esos ojos tan cautivadores, sin poder moverme, rozando con la yema de mis dedos el inicio de su barba… -te quiero Bastian- dije con la determinación de decir lo que sentía.Podia haber dicho te amo, pero no queria asustarlo... pronto, estaba segura de que tendria el valor. Mis labios entre abiertos, la respiración pausada, aquella química… La sensación de que el corazón estallara de la emoción, la sensación de que hay algún imán que le obliga a acercarse más a él. –Bastian…- murmure, sin decir nada más. Estaba, enamorada.

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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Dom Ago 01, 2010 10:10 am

Respire hondo, y suspire de forma rápida, expulsando el aire que había acumulado en mi interior, se lo había dicho, eso…SIII se lo había dicho, puede que hubiera estado pensando en decir otra cosa, relativa a la delicada situación económica o la idea que tenia para salir de esta, o sobre que tarde o temprano yo dejaría esa cabaña para continuar mis viajes en busca de conocimiento, finalmente había sido capaz de quitarme encima el lastre que eran las éticas de medico que me habían separado de por lo menos haberle dicho lo que sentía a Diana, mi bella musa, la mujer que me podía dominar solo con la mirada y unas palabras suaves, ni yo mismo me lo creía, me había enamorado de una pirata, de una ladrona aunque ella se pensase otra cosa, no dejaba de serlo.

Ella dio un paso hacia mi, la seriedad en mi mirada no había cambiado, tampoco había cambiado mi expresión, ni el sitio que buscaban mis ojos en el bien esculpido rostro de Diana, aquellos mares azules, hipnotizantes y místicos, eran todo lo que necesitado mirar para encontrarme con el valor que necesite para decirle lo que justo había dicho, dijo mi nombre, mi respuesta… todo lo que había dicho depende DIA de lo que ella dijera, no reaccione hablando o diciendo su nombre al ella acercarse, solo deje que ella hablara, mi silencio era mejor.

Sus palabras aunque no tenían esa dirección, me hicieron pensar en ese cuerpo prodigioso que estaba frente a mi, mis piernas temblaban con excitación, al mismo tiempo que mi corazón empezaba a dejar mi caja torácica al palpitar a una velocidad que pensé me provocaría un paro cardiaco en algún momento, mi rostro se ruborizo al mismo tiempo que el de ella, yo lo sabia, lo que había escrito en ese cuaderno aun seguía reflejando sus sentimientos, una de mis manos se alejo de mi cuerpo, ubicándose alrededor de su cadera, mi mano herida la rodeo mientras me cercaba a ella con un paso mas, quedando nuestros rostros frente a frente, la caricia en mi rostro, que subía desde el principio de mi barbilla corriendo por mi mejilla me sacaba del plano terrenal, acercándome al lugar donde habitaban los dioses.

Ella hablo de nuevo, con determinación…admiraba ese valor, aunque podría estarlo confundiendo con la experiencia ganada con la practica, mi brazo derecho también se alejo de mi cuerpo, buscando el brazo de Diana, tomando su ante brazo, bajando suavemente, queriendo entrelazar sus dedos con los míos en tierna caricia, mi cuerpo empezaba a relajarse, tocarla me daba una mágica calma y un extraño bienestar proveniente de aquello que sentía, el amor, muchas veces solo lo vi como algo secundario, que solo aparecía mencionado en libros y canciones, cuan equivocado estaba.

Una ultima palabra, solo era mi nombre, pero para mi fue mucha mas que solo eso, por primera vez en todo ese momento, había dejado mirarla directamente a los ojos, baje un poco la vista, tímidamente descendiendo por su nariz, fijándome en sus labios, rojos, carentes de maquillaje, su cabellos seguía tan alborotado como desde que la conocí, con esa pinta salvaje y regia, ya no me fue posible contenerme como las otras veces, mi cuello se tenso, esta vez mis músculos trabajaron de forma coordinada, mi cabeza avanzo solo un poco mas, unos centímetros, que era lo que separaba mis labios de los de ella…-Diana- dije en tono amoroso y seductor, antes de encontrarme con su piel, fue un momento que no olvidaría Jansa en lo que durara mi vida natural, cerré los ojos, dejando sentir mis emociones a trabes de mis labios en contacto con los de ella.

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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Dom Ago 01, 2010 10:36 am

Abro los ojos, llueve en silencio
Miro al ocaso, correspondo aquel beso
Sueño que vuelo, viajo a lo lejos
Dame querido, tu alma en mis brazos




Nada me importo. Ni si yo era o no de la misma sociedad que él, sabía lo que pensaba de robar y, para ser sincera, eso me molestaba un poco. Digo, no era perfecta, pero, robar era mi estilo de vida… que más da. Mi corazón parecía no latir, mis labios entreabiertos, inmersos en aquella mirada impávida, férrea, café y distante como el océano. Me sentí feliz y orgullosa, sabía que solo yo podía encontrar aquel amor oculto en la fijes de su mirar.

Guardo silencio. El silencio aterrador para mi, era una mujer de muchas palabras, se tornaba ahora en un preludio a algo que tanto deseaba, mis manos temblaban. El único momento en que pude controlarla, fue cuando su mano paso suave, delicada y agraciada por mi cintura.

Lo sentí, aquella caricia agradable, el rodear de mi cadera con su mano, quedando mi rostro frente al suyo, las narices rozándose apenas… y lo mire. Despertó algo en mi, algo que no había sentido en mucho tiempo, el fuego, ese de la pasión, iniciaba. La excitación sentí recorrer todo mi ser, iniciando desde la punta de los dedos de mis pies, viajando placenteramente por toda mi espalda, hasta mi pecho, guardándose ahí, imagine pues, sin darme cuenta, sus brazos, músculos torneados, su pecho, sus labios recorriendo mis brazos, mi cuello, bajando hasta mi pecho. Sin darme cuenta, aquel pavor que me daba cuando un hombre me tocaba con él, simplemente se había esfumado.


Su otro brazo acaricio el mío, bajando suavemente, entrelace mis dedos con los de él, casi sintiendo la magia de su toque, ladee la cabeza solo ligeramente, casi no podía créelo, era… lo amaba. Lo próximo pasó de forma dulce, suave y deliciosa. Bajo su vista, quedándose en mis labios. Mentalmente, dije “hazlo” y, casi como si él se impulsara por mi deseo secreto, su cabeza avanzo hacia mí, yo no quedándome quieta, acerque mis labios a los de él, susurro mi nombre, la seducción en su voz me atrapo simplemente, mi mano libre, se elevo con delicadeza, como bailarina que da un grácil salto para caer en brazos de su pareja, se poso en su brazo, subiendo, tocando su piel, hasta llegar a su cuello al momento en que la piel de nuestros labios se tocaba.

Me habían besado si, muchas veces y de formas agresivas, amorosas y detestables… pero el, juro que fue diferente entre todos. Me hizo olvidar quien era, donde estaba o mi pasado, simplemente, el toque… traspase todo aquel amor a través de mi boca, a la de él, rozando la piel, mientras mis dedos tocaban cuidadosamente su cuello, era una caricia suave, deseosa, incitando a querer explorar más de su piel, con mis ojos cerrados, dejando que el cuerpo simplemente se moviera, en aquel beso, al principio solo un roce, luego una incandescente unión de labios… decía “te amo”.



No deseaba separarme de él, era como si el tiempo simplemente se hubiere detenido. Amor, atreves de los labios.



No teme alejes,
Siente mi alma, sonríe diferente
Porque sin duda, debes saber…
que siempre te amare


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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Lun Ago 02, 2010 1:45 am

Me acerque a ella lentamente, Diana se acerco a mi de forma sensual, nuestro encuentro había sido maravilloso, algo pasaba en nuestros labios, ya que lo que empezó como un dulce beso no tardo en convertirse en una apasionada caricia entre nuestros labios, no era necesario detenerse a pensar, solo dejarse llevar por lo que ese beso hacia de una forma mucho mejor a libros y libros de palabras y poesía, escritos por personas que amaron hace cientos de años.

La caricia que subía por mi brazo, su suave y seductora piel rozándome era una fantasía hecha realidad, ella me acercaba al paraíso con solo mirarme, tocándome lograba que me olvidara del dolor del mundo, besándome pasaba del plano terrenal como si me tratase de un anima que huye del infierno, llego a mi rostro, acariciando el inicio de mi barba, haciendo que esta se erizara de forma eléctrica, mantenía mis ojos cerrados, concentrándome en la magia del puente que nos unía en los labios, aquella calida sensación que me envolvía con cada vez mas fuerza, de una forma que nunca olvidaría.

Deje que mi brazo la acercara mas a mi, suavemente deje que mi mano pasara sobre su ropa, hasta rodearla completamente, apoye su mano en la espalda baja, sin bajar un centímetro mas por temor a asustarla, desde ahí, empecé a acercarla imperceptiblemente a mi cuerpo, ninguno de los dos fue capas de percataras hasta que ya estábamos totalmente juntos, mi pecho chocando contra el de ella, rozando con suavidad sus senos, poca ropa nos separaba, solo la camisa sin mangas que tenia yo, y la camisa delgada camisa de botones que le había prestado hace un tiempo, podía sentir ese roce tan erótico, haciendo que apretara un poco mas el beso, convirtiéndose este rápidamente en lujuria, aunque tenia miedo de hacer de eso algo mas atrevido.

Apegue mi cadera a la de ella, de forma incitante pegando nuestros vientres con el brazo que tenia en su espalda, dejando libre la mano en la que románticamente había entrelazado mis dedos con los de ella en muestra de cariño, hice que esa caricia que subiera por su brazo, llegando hasta su cuello, el cual acaricie de forma suave y juguetona, subiendo las yemas de mis dedos desde la base de su barbilla hasta su clavícula.

Ella era muy bella, ahora entendía por que a veces con solo verla me estremecía, y empezaba a trabajar en lo que tenia en frente con una devoción y entrega absoluta, sus ojos eran mares azules, su rostro parecía esculpido por Mithas, su piel era una poesía de amor eterno, sus labios… no tenían descripción ni comparación, en este momento bestia humildemente, llevaba una camisa de botones, apenas lograba cubrir su trasero y entre pierna, dándole un aspecto seductor, cualquiera que hubiera entrado a la casa y nos hubiera visto en la cocina esa mañana, habría dicho que éramos pareja, y una linda lencería morada con unos encajes a modo de decoración

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MensajeTema: Re: Sombras de un descanso   Jue Ago 12, 2010 6:35 am

La sensualidad y erotismo del momento, no era descriptible y es que, en esos momentos no pensaba, actuaba. Las caricias de nuestros labios parecían hablar, no sabia que pasaría en el futuro, si tendría yo que irme a mi total recuperación –Por Fraxis, me asustaba el hecho de alejarme de el- pero si sabia una cosa, ese hombre me había atrapado ahora con su personalidad.

Aquella chispa de lujuria y pasión despertó en mi interior, pese a mis intentos por acallarla y apagarla por el miedo. Mi corazón palpitaba y mi cuerpo temblaba ligeramente, a en muchas sensaciones y emociones que surgían en un océano salvaje. Entre toda aquella confusión sabia dos cosas, una, le amaba y dos… le deseaba cada vez mas cercas.

Su mano paso sobre mi ropa, de una forma delicada. Apoyándose en la espalda baja, me tense un poco, sin dejar la intensidad de aquel beso. Me asustaba el contacto atrevido, aunque confiaba en el. Era un choque entre deseo y temor, por un lado, me aterraba el tener a un hombre tan cercas, por otro, le deseaba. Ambos cuerpos, rozándose suavemente, apenas el sostén de encajes podía cubrir la excitación que despertaba en mi propio cuerpo, para sorpresa mía. Correspondí poco a poco con la lujuria en aumento, aun temerosa.

“Guíame por un sendero que temo recorrer, aunque lo desee con todo mi ser.”

Seguía acariciando suavemente sus cabellos con una de mis manos, mientras que la otra quedaba libre al recorrer mi brazo, acariciando mi cuello de una forma que no habían hecho, las yemas de los dedos subiendo por mi piel, dando un suave toque electico que recorrió mi cuerpo. Quería seguir. Mi mano libre escabulléndose por su torso, acariciando sus costillas con delicadeza por sobre la ropa, pasando la palma hacia su espalda, subiendo desde donde iniciaba, al borde de su pantalón hacia arriba, llegando a su cuello, donde las yemas de mis dedos hicieron pequeños y gráciles círculos que saborearon su piel…

Entonces me asalto el temor. Quería seguir, juro que deseaba, pero tenia miedo. Me separe del de forma un tanto abrupta, mirándole con los ojos llorosos. Tartamudee antes de poder concretar palabra… sin dejar de acariciar su cuello, mientras mi mano bajaba hacia la suya, entrelazándola con la mía, de forma temblorosa. Trague saliva, mirándole.

-Bastian… yo… yo… te quiero… y… y… -

Quería seguir, quería decirle que me diera la tranquilidad, que, por favor me abrazara… mis labios temblaron suavemente, bajando la mirada, mis ojos se llenaron de lagrimas. Si, creí haber superado la situación pero aun seguía la sombra de la duda. “vamos, demuestra que confías en el” me decía una y otra vez mentalmente, pero mis manos no se movían, ni mi cuerpo. Respire profundo, conteniendo lo tembloroso de la voz, levantando la mirada, aun sin poder sostenerla directo en sus ojos.

-Bastian… yo… mi…. Mi cuerpo te desea… pero… pero… -

Era más difícil aceptarlo, no podía creer que yo, toda una guerrera, criada en las fraguas de la batalla y con hombres a mí alrededor, tuviera miedo. Me mordí el labio inferior antes de continuar, con el corazón palpitando fuertemente y mis ojos llorosos, pidiendo perdón por romper aquel bello momento

-… tengo… miedo-

Susurre, bajando la mirada. Eso si que era patético, desde mi forma de pensar, una amazona, fuerte y valiente… quebrantándose, acobardándose a seguir sus deseos e impulsos. ¿Dónde estaba aquella libertad de hacer lo que deseaba y de no seguir reglas o estatutos? Estaba… oculto, ahí seguía, solo que… necesitaba ayuda para sacarlo desde mi interior. Ayuda que, tal vez el amor podría darme…


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