Akbal, El Lobo Blanco

Cantidad de envíos: 9 Fecha de inscripción: 24/07/2010
Ficha de personaje Nivel: 1 Experiencia:
   (0/1000) Alineacion: Caótico-Bueno
 | Tema: Lobos, Cárcel y Antílope Mar Jul 27, 2010 5:43 am | |
| Akbal despertó de golpe, con todos los sentidos lobunos gritándole que había peligro cerca. Se levantó de un salto y lanzó un rugido preternatural, que hizo huir a varias aves que estaban en los arboles cercanos, a la par que empezaba a transformarse. Sin embargo, basto una simple revisión visual y olfativa para darse cuenta de que el peligro estaba en su cabeza.
Estaba bañado en sudor y apestaba a miedo. Había tenido pesadillas otra vez. Emitió un bajo gruñido de resignación. Era una parodia de Garou, últimamente estaba resultando molestamente fácil que se le pusieran los pelos de punta y entrara en fase. Y las pesadillas no ayudaban en nada. Sueños violentos en los que masacraba a inocentes sin piedad ni razón; y siempre concluían de la misma manera: su amada Amelie, con la garganta abierta en canal y cubierta con su propia sangre, volaba alrededor chillando y llorando cual Banshee.
Un escalofrió le subió por la espina al recordar a su difunta amada. Se sacudió las malas memorias y trato de distraerse pensando en el desayuno. La caza de la noche anterior había sido pésima, luego de horas de rastreo solo pudo cazar una mísera y minúscula ardilla. ¡Por Gaia! Cuanto deseaba echarle el diente a un antílope. No comía decentemente desde hace días. Ya llevaba dos semanas acampando en el mismo bosque y los animales habían aprendido a temerle. Era hora de moverse ¡pero primero cazaría algo! Moría de hambre.
El susto había servido de algo: ya estaba transformado; así que no perdería tiempo. Se echo a cuatro patas y olfateo la tierra. Nada. No percibía más que su propio efluvio y el de los pájaros que acababa de espantar. Se sintió un tonto otra vez.
Así estuvo por unas dos horas; caminaba un poco, olfateaba aquí, olfateaba allá pero nada consiguió. Frustrado, se dejó caer bajo la sombra de un abedul y se llevó las manos a la barriga para calmar el lamento de su pobre estomago hambriento. Tendría que ir a una aldea a comprar comida. Suspiró ante la idea de verse rodeado de potenciales víctimas. Pero el hambre era apremiante y el ron empezaba a escasear.
Sabía que cerca había una aldea humana pero no estaba seguro de en qué dirección exactamente se encontraba, por lo que trepó hasta la copa del abedul para tener mejor visión. En efecto había una aldea cerca y estaba al norte, a unos treinta o cuarenta minutos de caminata. De caminata humana vale destacar, trotando como lobo tardaría la mitad del tiempo. Ya adoptaría forma homínida cuando estuviese en el límite del bosque.
Fue al campamento y recogió sus cosas. Luego de visitar la aldea y de aprovisionarse, abandonaría ese maldito bosque carente de ciervos.
Tras veinte minutos de trote pasivo Akbal llegó a la aldea. El poblado era tan monótono como los otros a los que había visitado en sus viajes. Era uno de esos pueblitos en los que todo el mundo se conocía y veían con malos ojos a los forasteros.
No tardo en localizar el mercado. El sitio era un gallinero. Vendedores gritando ofertas, amas de casa ajetreadas cargando en un brazo un bebe y en el otro las compras del día, niños jugando con lechugas como pelotas y el típico borracho en una esquina prediciendo un apocalipsis que nunca llegaba; no obstante, lo peor de todo era el olor. Era un revoltijo nauseabundo entre fruta podrida, orina y sudor. Verdaderamente cortaba el apetito. El joven Garou se llevó una mano a la nariz y continúo caminando.
Tenía poco dinero así que no podía darse el lujo de comprar la cantidad de comida que quería comprar. Luego de regatear en varios puestos logró comprar dos porciones de pan, medio kilo de queso, un litro de leche y robó una manzana a un mercader que lo trató como mendigo. Solo faltaba el dulce ron. Sin él las noches heladas del norte serian más crueles y solitarias de lo que ya eran.
Fue al centro del pueblo donde seguramente estaba la taberna y cuando estaba llegando escuchó un alboroto. Una mujer gritaba a lo lejos: ¡Mi cartera! ¡Me han robado! Y casi al instante un sujeto de nariz aguileña y semblante aterrado se plantó frente Akbal y arrojándole una cartera grande color marrón, le dijo:
- Toda tuya, colega – su voz sonaba entrecortada por el cansancio. - ¿Qué dem..? – alcanzó a decir Akbal al ratero que desapareció entre el gentío cual rata de alcantarilla - ¡Hey espera!
Akbal se quedó parado como tonto observando la cartera cuando de repente una mujer regordeta que apareció por donde mismo llegó el cara de pájaro, señaló al Garou y chilló a todo pulmón:
- ¡Esa es mi cartera! ¡Él fue quien me robo! - ¡Yo no fui..!
Sin embargo, la réplica de Akbal fue eclipsada por la revuelta que generaron hombres y mujeres que saltaron sobre él y lo inmovilizaron. Ni siquiera su fuerza sobrehumana podría liberarlo de tal cantidad de personas. Solo había una forma…
Aunque no tenía un espejo al frente para asegurarlo, sabia que sus ojos se habían vuelto amarillos porque podía sentir al Lobo abriéndose paso entre el miedo y la desesperación. La Bestia dentro de él sonrió de placer ante la masacre que causaría… al fin saciaría el hambre… “¡No!” exclamó el muchacho, suprimiendo al Lobo. Cerró los ojos y cuando los volvió a abrir estos habían recuperado la tonalidad grisácea correspondiente a su forma humana. Intento ponerse de pie pero un fuerte golpe en la cabeza lo dejó inconsciente.
Despertó dentro de una pequeña habitación de paredes de barro, una ventana minúscula por donde entraba una luz que solo podía ser del atardecer y el piso cubierto de paja. En el lugar reinaba un fuerte olor a excremento. Aunque era el sentido en el que más confiaba, a veces odiaba tener un olfato tan agudo. Se puso de pie y sintió una fuerte puntada en la cabeza.
- ¿Te dieron un buen golpe eh? – dijo una voz en algún lugar de la habitación.
Akbal rápidamente se llevó una mano a la cintura para desenvainar la Daga de su abuelo solo para darse cuenta que no la tenía.
- Te quitaron todas tus cosas, chico – dijo la voz y Akbal buscó con la mirada el lugar de donde provenía, y a pesar de que percibía el olor de un humano dentro de la habitación no lo podía ver. - Aquí en la esquina, pelo blanco.
De pronto de las sombras surgió un tipo menudo de nariz aguileña.
- ¡Tú! – rugió el muchacho y en un segundo cruzó la habitación y cogió al ratero por el cuello. - ¡Oye…! ¡Espera…! – suplicó el cara de pájaro pero esto molesto más al Garou y lo levantó en vilo. Un guardia que escuchó el alboroto se acercó y con una voz que detonaba mas aburrimiento que autoridad, aporreó la gruesa puerta de madera y por el ventanuco de está, ordenó a Akbal soltar al pajarraco; al ver que el muchacho no le hizo caso el guardia hizo ademan de abrir la puerta y fue cuando el joven licántropo soltó al rastrero. - Disculpa… amigo… - dijo entre tosidos el sujeto de nariz aguileña – me llamo Godfrey. Akbal hizo un sonido de desaprobación con la boca y Godfrey siguió hablando. - No me quedó otra opción, me iban a atrapar – el sujeto se puso de pie mientras se masajeaba el cuello – vaya que tienes fuerza. - Igual te capturaron – replicó Akbal y se recargó en la pared contraria. - Pero no por el mismo robo ¡Ja! – rebatió él aludido con una gran sonrisa – ¿Cómo te llamas, hermano? - No soy tu hermano – respondió secamente el muchacho – y me llamo Akbal. - ¡Wow! No hay necesidad de ser agresivos Akbal… y si que somos hermanos.
Godfrey dio un paso para atrás y se fundió con las sombras nuevamente; y para la gran sorpresa del muchacho, desde la penumbra dos brillantes ojos amarillos le devolvieron la mirada.
- Eres… un… ¿Garou? – preguntó Akbal boquiabierto mientras lanzaba miradas nerviosas de la puerta a Godfrey.
El sujeto salió de las sombras con una sonrisa de oreja a oreja y se llevó un dedo a la boca en señal de que guardara silencio. En ese momento los ojos de Godfrey adquirieron el color café que tenían hace unos segundos.
- Y tú también lo eres – remató Godfrey.
Era el primer Garou que Akbal conocía a excepción de su abuelo y no era para nada parecido a su abuelo o a él mismo. Akbal se había creado un concepto mental de que todos los Garous eran altos y musculosos, como su abuelo. Él no era tan alto pero si tenía un cuerpo torneado. Aquel sujeto en cambio era un alfeñique.
- Respira muchacho, los Lobos también necesitamos oxigeno – dijo el esmirriado Garou, conservando aun la gran sonrisa. - ¿Cómo… supiste? - ¡Es fácil! No te ofendas hermano, pero ¡apestas a perro mojado! – respondió entre risas Godfrey. - Tu hueles a humano – dijo Akbal sin aun salir de la sorpresa. - Es que he pasado mucho tiempo entre ellos, antes pertenecía a un Clan pero el Alfa me pillo saliendo con su hermana y si no hubiera huido me hubiera hecho papilla ¡Ja ja ja! - Oh – dijo como toda respuesta el muchacho.
Pasaron varios minutos en que ninguno de los licántropos hablo hasta que Akbal rompió el mutismo.
- ¿Por qué te dejaste atrapar? - Por la misma razón por la que supongo tú te dejaste atrapar también. Imagínate la cara de estos pueblerinos si nos hubiésemos transformado en medio del mercado ¡Ja! Hubiese sido un espectáculo del demonio. - Si… - Y además – continuó Godfrey – en lugar de ahorcarnos por robar, nos quemarían por licántropos. - ¡¿Qué?! ¡¿Nos van a ahorcar?! - Si – dijo riendo el flacuchento licántropo – o al menos eso planean, al amanecer. Los humanos de este pueblo son un poco estrictos con los ladrones ¡Y después dicen que los Garou somos los salvajes! - “Un poco estrictos” ¡Es una locura! - Tranquilo muchacho, con lo que ellos no cuentan es que escaparemos esta noche – y por primera vez la sonrisa de Godfrey se torno malvada – pronto caerá el sol y hoy es Noche de Phobos ¿lo olvidabas?
¡Demonios! Godrey tenía razón. Esa noche Phobos bañaría a Utopía con su luz verdosa, habría Luna Llena. Que descuidado había sido, tenía que salir de ese lugar y adentrarse en el bosque antes de que anocheciera y perdiera el control del Lobo.
- ¡Tenemos que salir YA de aquí! – exclamó el muchacho por lo bajo lanzando miradas nerviosas a la puerta. - ¡Wow! ¡wow! Salir de día y sin el influjo de Phobos sería un suicidio Akbal – argumentó Godfrey con rictus serio – claro que habrán daños colaterales… ¡pero nada que lamentar! - y la sonrisa maliciosa volvió a asomar en el rostro del otro Garou.
Y en ese momento una inmensa rabia inundo a Akbal. Dio un paso amenazador hacia al frente con las manos abiertas y mostrando los dientes.
- No permitiré que lastimes a nadie Godfrey – gruñó con la cara ardiéndole de ira. La Bestia reclamaba sangre. - Calma, calma… que no cunda el pánico – dijo Godfrey encogiéndose aun más y llevándose una mano al cuello – no es necesario empezar a estrangular gente. Apaga esos ojos muchacho, lo haremos a tu modo. Akbal resopló y la Lobo se tranquilizó. - ¿Algún plan? – preguntó Godfrey a tientas. - Silencio. Estoy pensando – ordenó Akbal. - Ok. Está bien.
Akbal primero fijo la mirada en la ventana. Tenía unos barrotes de metal que seguro entre ambos Garou podrían empujar hasta desprenderlos, pero el ruido podría llamar la atención de los guardias y aun sino llamaran la atención de los guardias él no cabria por allí; tal vez el pigmeo de Godfrey sí. Por lo tanto quedaba una opción. Fue a la puerta y la examinó.
Era de roble y gruesa, tardaría mucho en tumbarla a patadas y como con el plan de la ventana, los guardias podrían darse cuenta. El ventanuco de la puerta tenía cuatro barras pequeñas. En ese momento se le ocurrió un plan, sería arriesgado pero no quedaba mucho tiempo, ya empezaba a sentir los efectos de Phobos.
- Sígueme la corriente – ordenó a Godfrey. - Tu mandas, jefe – dijo este poniéndose de pie, presintiendo que algo divertido estaba a punto de suceder. - ¡Guardia! ¡Guardia! – llamó Akbal a todo pulmón, simulando voz desesperada – ¡Guardia! ¡Auxilio!
En ese momento Godfrey entendió lo que Akbal quiso decir con “Sígueme la corriente” y se tendió en el suelo haciéndose el inconsciente. No tardó en aparecer el mismo guardia con voz perezosa que había intervenido rato atrás cuando Akbal atacó a Godfrey, y esta vez sí sonaba enojado.
- ¡Qué diablos sucede aquí! – exclamó el guardia con la cara roja y con restos de comida en la camisa. - ¡Estábamos hablando y el de repente cayó desmayado! – dijo Akbal atropellando las palabras. - Sí, claro. “Hablando” como hace rato – entonces el guardia rebusco en su cinturón y saco las llaves.
Apenas abrió la puerta, Akbal se abalanzó sobre él y lo pegó contra la pared, con la cara contra el muro. Mantuvo una mano en la espalda del guardia y la otra en la cabeza, inmovilizándolo.
El torrente de adrenalina sumado a la creciente influencia de Phobos inicio el proceso de transformación en Akbal, no obstante, esté usó todo el autocontrol aprendido de su abuelo para disminuir la velocidad de transformación.
- ¡¿Cuántos guardias hay?! – las palabras sonaron mas como ladridos que como sonidos humanos y el guardia notó la diferencia. Intentó voltear para averiguar el porqué en el cambio de la voz del muchacho pero esté ladró inmediatamente – ¡No mires! ¡Solo responde! - ¡Solo Peter y yo, lo juró! – respondió el aterrado guardia de seguridad apretando los ojos. - ¡Ja! Que chiste de cárcel es esta – la voz de Godfrey empezó a revelar el cambio que se gestaba en él también. Solo que este último se concentro en disminuir la velocidad de transformación porque quería estar consciente para ver como terminaría aquello. No se había divertido tanto en años. - Te soltare y se te atreves a gritar te cercenaré la garganta ¡¿Entendido?! – rugió Akbal - ¡Y no mires!
El guardia de seguridad obedientemente se llevó las manos a la cara cuando Akbal lo soltó y se quedó de rodillas llorando. Sin embargo, por un momento, la curiosidad superó al miedo y se atrevió a mirar justamente ya cuando Akbal había salido de la celda y Godfrey cerraba la puerta. Cuando los ojos de ambos se encontraron, los verdes del guardia se abrieron como platos y los áureos de Godfrey adoptaron una expresión divertida.
- ¿El muchacho no te advirtió que no miraras? – preguntó mientras se alejaba y las sombras lo consumían solo delatando su presencia el brillar de sus ojos lupinos.
El guardia contuvo un grito y cayó desmayado. Godfrey rió con ganas y esto llamó la atención de Peter, el otro guardia de seguridad. Para ese momento Akbal había crecido unos tres palmos de altura y tenía la apariencia de un Metis (el hijo rechazado de una pareja de Garous, rechazado por el hecho de nacer deforme, a medio camino entre la forma homínida y la forma lupina).
- El tiempo se acaba Akbaaal – sentenció Godfrey con voz cantarina.
Y en efecto, ya no podían contener más a los Lobos. Tenían que salir en ese preciso momento o una terrible tragedia ocurriría en aquella aldea alejada de la mano de Gaia.
Ambos corrieron y cuando Peter intentó detenerlos se quedó congelado del miedo y esto les dio chance de recuperar sus cosas que estaban sobre una mesa. Al tomar el bolso, Akbal percibió el efluvio de la comida que temprano había comprado y las tripas le gruñeron. En ese momento perdió completamente el control sobre la transformación, y allí mismo frente a Peter y Godfrey, se transformó en un Crinos completo: en El Lobo Blanco.
No obstante le quedaba aun un poco de fuerza de voluntad para salir de la aldea antes que se comiera a los filetes con patas que vivían en ella.
Ante este espectáculo, Godfrey se desembarazó del control que se había auto impuesto y dejó salir al Lobo también. Para segunda sorpresa del día para Akbal, la forma de Godfrey era la de un Lupus (lobo por completo de grandes dimensiones), a diferencia de la de él que era la de un Crinos(mitad lobo, mitad hombre). No debía subestimar a Godfrey, según su abuelo, la forma del Lupus no es fácil de alcanzar.
Ambos salieron a la carrera. El Lobo Blanco en dos patas y el Lupus Negro en cuatro patas. Ya en la calle, se abrieron paso entre los aterrados aldeanos que gritaban: “¡Licantropoooos!”. Godfrey no hacía más que emitir una risa lobuna pero Akbal estaba aterrado, faltaba poco para perder completamente el control del Lobo.
Cuando estaban a punto de llegar a la frontera del bosque con la aldea, una comitiva de hombres armados con machetes y hachas les bloqueó el camino y tuvieron que seguir la carrera por los techos de las casas. Akbal no tuvo más remedio que correr a cuatro patas, le resultaba incomodo pero era más eficiente que hacerlo a dos patas.
Por el coraje de los hombres, el resto de los aldeanos tomaron antorchas y escobas y emprendieron una persecución contra los licántropos.
Eso era el colmo. Akbal intentaba salvarles el pellejo y ellos lo retrasaban oponiendo resistencia, eso sumado a la carcajada lobuna de Godfrey, estaba haciéndole perder la paciencia y el control. “Falta poco” se decía para mantener el fino control que le quedaba “Ya estoy llegando al bosque”
Al fin lograron entrar en el bosque y los aldeanos cesaron la persecución. No se atrevían a entrar en el “territorio” de las bestias. Una vez adentro siguieron corriendo hasta que se quedaron sin aliento. Ya en la espesura del bosque y con los aldeanos a salvo, dejaron salir a sus anchas a los Lobos. * * * A la mañana siguiente Akbal despertó sereno, no recordaba lo que había soñado y eso era suficiente para él. No tenía hambre por lo que supuso que el Lobo habría cazado algo “Ojala allá sido un ciervo” deseó. Peino el área con la mirada buscando a Godfrey pero no lo vio. Presumió que despertó antes que él y se habría marchado. Mejor así, no quería volver a ver a ese loco bastardo.
No obstante, cuando se dispuso a continuar su viaje sin rumbo un gigantesco lobo negro, del tamaño de un caballo, saltó de un árbol y le bloqueó el camino; y en un idioma que solo los Garous pueden entender, le dijo:
- Una gran aventura ¿no, chico? - Vaya que sí ¿Y ahora que harás lunático? - Pues tomare tu ejemplo y ¡viajaré! Utopía es bien grande y hay muchas lobitas que esperan al buen Godfrey en los rincones más recónditos de este basurero.
Ambos rieron con ganas y Akbal decidió entrar en fase también. El Lobo Blanco observó al Lupus Negro y le dijo:
- Bueno amigo, nos veremos en la vía. - ¡No nos pongamos sentimentales! – exclamó Godfrey – Suerte hermano, que Gaia te acompañe.
Y Godfrey desapareció en la espesura, en dirección noreste. Por un momento Akbal temió que el Lupus regresará a la aldea, pero rápidamente noto que su preocupación era infundada, ya que Godfrey consideraba aburrida la aldea. Rió por lo bajo y cogió rumbo al sur. Ya estaba cansado del frio… y probablemente en los bosques del sur habían antílopes ¡Tenían que haber! |
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Daniela Damaris Dama del Ocaso

Cantidad de envíos: 1526 Fecha de inscripción: 10/05/2009
 | Tema: Re: Lobos, Cárcel y Antílope Mar Jul 27, 2010 6:41 pm | |
| Perfect!
Bienvenido
Cierro Portón _______________________________________ |
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